El tiempo con Dios no siempre tiene que ser perfecto

Con esto me refiero a esas “morning routines” que tanto se ven en Youtube. He visto varias versiones, y en ellas siempre priorizan leer la Biblia y/o un devocional en las mañanas al no más despertarse, preparar una bebida caliente para acompañar, encender una vela y rezar antes de empezar el día. En pocas palabras, darle prioridad al tiempo con Jesús antes de que empiece el caos del día. No me lo tomen a mal, tiene sentido, y si he disfrutado de sus beneficios, pero…

¿Qué pasa cuando los días no se ven asi siempre?

¿Qué pasa si uno tiene un trabajo que no lo permite?

¿Qué pasa si uno se enferma?

¿Qué pasa si uno tiene hijos y la rutina no lo permite?

En fin, ¿qué pasa con todas estas y más variables? La verdad es que, con el tiempo, he aprendido a no ser tan dura conmigo misma. Desde hace dos años que me he propuesto leer la Biblia entera, y sigo leyendo el Antiguo Testamento. Voy lento, pero seguro. Sí, es cierto que hay temporadas donde logro leer mucho e ir siguiendo el plan de lectura y otras temporadas donde paso un par de meses sin levantar la Biblia de mi mesa de noche.

¿Y saben qué? Es normal. Así es la vida. Solo porque a alguien más le funcione una rutina no significa que esa misma rutina nos va a funcionar a nosotros, porque no estamos considerando si estamos en la misma temporada de vida, si tenemos la misma energía, horario, si vivimos solos o con familia, si estudiamos o trabajamos. Lo importante aquí es establecer una rutina que sabemos que es realista y funcional para nosotros. No tiene que tener 20 pasos, no tiene que ser “aesthetic”, sino entre más simple mejor. Y lo más importante: no sentirnos mal si faltamos unos días, lo importante es regresar lo más pronto posible y comenzar de nuevo.

Estas últimas semanas estuve enferma de la garganta, al punto que no podía hablar, y admito que mi rutina de devocional y diario en la mañana se vio afectada. Pero es en estos momentos donde pongo más énfasis en un hábito en específico: el de ir hablando con Jesús durante el día durante todo lo que hago. Simplemente imagino dos casos: que está a la par de mi acompañándome o que estoy hablando con él por teléfono en mis audífonos. A veces le hablo en voz alta o a veces en mi cabeza. Y no saben la diferencia que hace cuando hago eso. Me da paz.

Así que, si todavia están viendo cómo armar su rutina para leer la Biblia, lo mejor que puedo aconsejar es escoger un momento donde no tengan presión de nada y puedan estar relajados, sea a la hora que sea y con lo que quieran. Pero el hábito de siempre hablar con Jesús que sea el “esqueleto” del día. Los momentos para estar con Él no tienen que ser perfectos, y solo con el simple hecho de hablar con Él y agradecerle por la comida cuando se lava platos, ya es suficiente.