(¡Esto va a estar largo!

Mejor acomódense, preparen una bebida y un snack antes de empezar a leer hahaha)

Un poco de contexto antes…

Antes de empezar, y para aclarar dudas, yo fui criada en una familia católica. Estudié en colegios del Opus Dei, pero se puede decir que al menos en mi infancia y adolescencia, no conecté mucho con mi lado espiritual. Por supuesto, siempre he creido en Dios y todo lo que me enseñaron acerca de Jesús y su vida. Sin embargo, no recuerdo haber insistido fuera del colegio en poner en práctica hábitos como los de rezar o ir a misa, entre tantas tradiciones de la fe católica. No fue hasta después de casarme que todo cambió.

2015-2016

Dos años después de casarme, en el 2015, tuve una pérdida. Y debo decir que los meses siguientes estuve muy mal. Empezaba a hacerme preguntas sobre varios temas, y fue la primera vez que me dirigí a Dios en específico, buscando respuestas a por qué me había sucedido eso. No tenía la más mínima idea que unos meses después, volvería a quedar embarazada y me cambiaría la vida por completo.

En Agosto de 2016 nació Ana Sofía, nuestra primera hija. Estábamos tan felices con tenerla al fin con nosotros, pero no nos esperábamos tener que enfrentar lo que se vino después. Desde el principio hubo sospechas de los doctores, y conforme pasó el tiempo y se le hicieron exámenes le confirmaron el diágnóstico de Síndrome de Down. Obviamente es una noticia que no se espera, aún así, después de platicar nuestras preocupaciones con nuestros doctores, familia y amigos, aceptamos el diagnóstico y decidimos seguir adelante y hacer lo que fuera necesario para que Sofi tuviera una vida saludable y plena.

Pero otra vez, se nos vino otro factor que no consideramos: su pequeño corazón.

Los bebés con Síndrome de Down nacen como 50% de probabilidades de que tengan algún defecto en el corazón o en su sistema digestivo. Lamentablemente Sofi tenía uno en su corazón, y uno muy grande. No quiero entrar en muchos detalles médicos, pero si nos dijeron que era urgente operarla.

A sus dos meses, tuvo una crisis respiratoria que la llevó al hospital. Estuvo una semana en cuidados intensivos, dos semanas en total en el hospital. Al darla de alta, esperamos a que se mejorara para poder llevarla a Unicar y operarla. Específicamente en esta temporada fue cuando empecé a sentir la necesidad de rezar. Busqué una cadena que me había dado mi mamá con una medalla de la Virgen, y rezaba todas las noches por la recuperación de Sofi.

El 16 de noviembre del 2016 fue el dia de su operación. Y ese día falleció. Sinceramente, una parte de mi falleció ese día. No volveré a ser la misma, eso es seguro.

2017-2018

¿Qué les diré? No es el orden natural que un padre entierre a su hijo. Estaba enojada. Enojada con Dios por permitirlo. Así que decidí quitarme la cadena con la medallita de la Virgen y la guardé.

Si me preguntan qué recuerdo después que falleció Sofi, diría que no mucho, todos son recuerdos borrosos. En resumen: recuerdo odiar las mañanas porque no quería despertar, recuerdo inventarme actividades para ocupar mi mente (más que nada escribir, leer y hacer lettering), recuerdo llorar en el baño del trabajo, recuerdo las canciones que ponía una y otra vez. No es sorpresa para mi pensar que fijo tenía depresión durante esos años. Él único que lograba levantarme era mi esposo, que hacía todo su esfuerzo para que fueramos juntos al gimnasio. De los pocos momentos donde recuerdo desconectarme de todo y conectarme con él.

Aún así, la pregunta seguía en mi cabeza: ¿Por qué? ¿Por qué nos pasó esto a nosotros? Sin darme cuenta, empecé el hábito de hablarle a Dios otra vez. Le hablaba como si estuviera enojada con un amigo, no me importaba si no tenía ninguna respuesta, simplemente cuando estaba sola me ponía a hablarle en voz alta. Recuerdo que una vez hasta le pregunté: ¿Acaso mis oraciones no fueron suficientes?

Es muy difícil para mi escribir esto, ni siquiera puedo decirlo hablado, pero durante este tiempo repetía mucho una canción en específico: una donde literal le pedía a Jesús que me salvara porque ya no quería seguir así… ya no quería seguir viviendo. ¿Qué se puede hacer después de una pérdida así de grande? Me sentía vacía, sentía que ya nada valía la pena, ¿cuál era el punto de seguir si Sofi ya no estaba?

Es en este punto en específico de mi vida, donde me puse a analizar después, que Dios manda a las personas que necesitamos en el momento que más las necesitamos. Momentos donde una simple interacción o unas simples palabras pueden significar mucho, y pueden literal salvarnos.

No quiero asustarlos con más detalles de esos años oscuros, lo que si es que poco a poco empecé a ver la luz otra vez, y la vida se empezó a hacer un poco más ligera. ¡Hasta que nos dieron la noticia de que estaba embarazada otra vez!

2019

El año 2019 nos dio varias sorpresas: En enero me despidieron de mi trabajo y Crystian (mi esposo) cerraba una etapa laboral. En febrero pasamos por una situación tensa en el apartamento y en abril nos dieron la noticia que estaba embarazada. Así que, con Crystian trabajando desde casa y yo sin trabajo, pasé un embarazo muy relajado la verdad. Hasta que en diciembre nació Ana Paula 🙂

Unos meses después se vino la pandemia. Sin embargo, si le preguntan a Crystian, el extraña esa época ya que solo eramos nosotros tres en la casa, con nuestra pequeña rutina y no tuvimos gente alrededor ni drama. A pesar del miedo obviamente de la enfermedad en sí del Covid, fueron unos tiempos tan simples para nosotros y nos disfrutamos mucho a Paula y verla crecer.

2023

Siempre estuve segura que quería ser mamá, pero no me esperaba que la maternidad fuera a ser tan dura. En general, criar a Paula ha sido la tarea más difícil pero más divertida que he tenido. De alguna forma, ella se ha encargado de enseñarme a reir y disfrutar de la vida otra vez… pero Crystian se dio cuenta que podría escaparme y tener un descanso, así que me regaló entradas para un concierto de Paramore en Los Angeles y boletos de avión para ir a visitar a una de mis mejores amigas. Yo, siendo la persona introvertida de siempre, estaba muy asustada y emocionada a la vez, ¡sería la primera vez que iba a viajar sola!

Este viaje en específico me trajo a las personas que necesitaba otra vez. La mamá de mi amiga Cori es una persona que le tengo mucho cariño, y entre todos nuestros temas de conversación, empezó a haber un denominador común: Dios. Fue así como ella me presentó un pequeño libro que dijo que lee todos los días: “Jesús te llama”, un devocional de Sarah Young. ¿Acaso esa no es la señal más clara del mundo? Me lo prestó durante esos días, y yo bien emocionada me levantaba a leerlo y a escribir en mi diario, sin tener la mínima idea que se convertiría en uno de mis hábitos más importantes de hoy en día.

Un mes después de regresar a casa, me compré mi propio devocional 🙂 Un par de meses después me atreví a empezar terapia y procesar lo que llevaba guardado con el fallecimiento de Sofi, entre tantas cosas. No fue un proceso bonito, pero si fue necesario y vital para aprender y darme cuenta de tantas cosas sobre mi.

Aquí en específico fue donde empezó el “switch”… el cambio. Encontré una influencer cristiana en Youtube, Ashley Hetherington, que me ayudó mucho con sus videos. Fue ahi donde me di cuenta que mi definición de ser una “persona religiosa” o “creyente” no era lo que yo pensaba. Lo que vi en los videos de Ashley era cómo ella incorporaba en sus días tener momentos con Dios. Vi una persona real practicando su fe en días normales. Sea despertándose temprano para leer la Biblia, tener sus momentos para rezar en el día o viviendo en comunidad cristiana e ir a la iglesia. Lo hacia ver fácil, y pensé: ¡Yo quiero eso! ¡Yo puedo hacerlo!

Actualmente

¿Recuerdan que mencioné sentirme vacía años atrás? Pues… ya no volví a sentirme así. Ha requerido esfuerzo, paciencia y mucho trabajo, pero hoy estoy muy orgullosa de decir que me siento como una persona totalmente distinta. ¿Obtuve las respuestas que quería? No, y al final no tengo idea de que las tenga en algún momento de mi vida. ¿Sigo enojada? Esta es la parte más importante de todas: ya no estoy enojada con Dios. Aprendí a llevar mi duelo, porque eso siempre será parte de mi, pero también aprendí que al final se hace la voluntad de Dios y no la mía. Aprendí que la oración no es un medio para pedir, como si Dios fuera un genio en una lámpara mágica. La oración es un medio para conectar con Él, para hablar con Él y conocerlo, aprender a distinguir su voz del resto de ruido en nuestra cabeza. Es un medio para tener Su paz, no un medio de transacción.

Dios tuvo un plan para mi desde el principio, desde el momento que nací, igual para ti. Unos caminos son más dolorosos que otros, pero todo tiene un propósito aunque no lo entendamos o sigamos sin entender.

Han sido años de mucho crecimiento personal y espiritual. Por mucho tiempo Él me dijo que de alguna forma tenía que contar mi historia junto a la de Sofi, y nunca tuve el valor de hacerlo fuera de mi círculo de amigos… hasta hoy.

Así que, a ti que te tomaste el tiempo de leer todo esto, ¡gracias por estar aquí! ¡gracias por leerme y dejarme compartir mi historia de cómo llegué de vuelta a Dios! Espero que mi testimonio te ayude de alguna forma. Recuerda que no estás solo, Dios te ama y está a una oración de distancia.