Escuché una vez, o lo leí en alguna parte, que es más frecuente que las personas acudan a Dios cuando están pasando por una situación difícil… y que cuando las cosas van bien, se olvidan de Él. Como si de repente “desapareciera”. Como si Él solo está para pedirle cambios, deseos o milagros. Como si fuera una especie de “genio”.
Y no es así.
Para ser honesta, mi fe se puso a prueba hace una semana. Tuvimos que llevar de emergencia a nuestra hija al hospital, y fue inevitable que reviviéramos la experiencia que tuvimos hace 10 años con Ana Sofia 🙁 Gracias a Dios ya estamos en casa y Paula se está recuperando, sin embargo quise escribir este post a modo de recordatorio, como dice el título:
Debemos de tener fe en las buenas y en las malas.
Así como queremos a nuestra familia en las buenas y en las malas, así debe de ser nuestra fe, amor y confianza a nuestro Señor. Así como tenemos amigos que nos han apoyado en las buenas y en las malas, así estará Dios con nosotros. Si Él nunca nos abandona, ¿por qué lo vamos a abandonar cuando más lo necesitamos?
Sé muy bien que es más fácil decirlo que hacerlo. Pero ya cuando no se puede aguantar más, no se soporta la incertidumbre y uno se siente cansado, lo mejor que se puede hacer es confiar y apoyarse en Él. Seguir regresando a Él. Algo que me ha servido mucho es tratar de siempre tener en mente que Dios no quiere a nadie perfecto, por eso mismo somos debiles por naturaleza, porque por naturaleza nos hizo depender de Él. No importa cuantas veces nos caigamos o tengamos miedo, siempre nos va a esperar con los brazos abiertos.
Y cuando estos tiempos difíciles pasen, de igual forma acercarnos a Dios y agradecer por todo lo bueno que nos ha llevado hasta el momento. Siempre hay cosas que agradecer. Siempre. Dios no se olvida nosotros.
Así que a la próxima vez, sin importar lo que estén pasando, no se olviden que no están solos. Basta con una oración para que Él nos haga saber que está con nosotros y que todo estará bien.
