Debo decir abiertamente que este año ha sido uno de mucho crecimiento para mi. Por primera vez en mucho tiempo he aprendido tanto de mi misma. He conocido y reconocido aspectos mios tanto negativos y positivos, y poco a poco he ido trabajando en más que nada en cambiar lo que está bajo mi control y aceptar cómo soy.
Aceptación… es una palabra que se ha repetido en varias ocasiones este año. En fin, ha sido todo un proceso y aclaro que es un proceso que no tiene fin. Uno no puede llegar a ser perfecto, y también admito que uno puede caer en esa trampa de querer optimizar la vida, algo que sinceramente no creo que se pueda. Pero ese es otro tema para otro día hahaha
En el camino de la aceptación y el autoconocimiento, llegué a otro tema muy importante: las amistades y cómo me relaciono con el resto de personas. Debo decir que aquí parte de conocerse mejor es también saber reconocer las señales de cómo nos sentimos con los demás, durante y después de interactuar con ellos y el efecto que nos dejan después. No solo es la impresión que dejan en nosotros, sino también los temas de conversación en sí. Hay muchas personas que conectan con otras hablando de chismes y temas banales, mientras otras prefieren conversaciones más profundas y con valor. Aclaro, no estoy diciendo que uno solo tiene que hablar con gente de temas intelectuales, más bien digo que es mejor tener un poco más de criterio sobre en qué conversaciones vale la pena participar y cuáles son mejor distanciarse.
En general, siempre he pensado que uno tiene mucho que aprender de todos, sin embargo cuando uno encuentra un amigo en la fe, ahí todo es distinto. Se siente como tener un salvavidas, o al menos así es como lo siento yo 🙂 Un amigo en la fe es alguien cercano que no solo nos conoce bien, sino también nos da valor con su compañia y sus palabras. Y lo más importante: son personas que de alguna forma siempre mencionan la palabra de Dios, y nos retan a salir de nuestra zona de confort para estar más cerca de Él. Pienso que el hecho de tener buenos amigos cerca obviamente es bueno, pero cuando tomas la decisión consciente de mantener tu fe en el centro de tu vida, el hecho de encontrar personas que te ayuden a hacerlo es como encontrar el ticket dorado de la Fábrica de Chocolate de Charlie Wonka. ¡Es raro y difícil! pero de que existen…existen.
En conclusión, a mis 38 años puedo decir que he pasado por tantas experiencias de amistades que al final siento más paz y tranquilidad con un circulo reducido de amigas. No todas son amigas en la fe, pero aún así puedo distinguir claramente lo que me aporta cada una y cómo sus detalles y presencia llenan mi vaso de diferentes formas. Y si por alguna razón tú todavia no tienes un amigo en la fe, yo aquí estoy por si quieres hablar 🙂
